Después de una semana liadas con los bautismos, el bibliobús y nuestro día sin luz, volvemos al blog.
Os dejo este fragmento de la obra Platero y yo de Juan Ramón Jiménez:
Platero es pequeño, peludo, suave, tan blanco por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente con su hocico rozándolas apenas las florecillas rosas celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "Platero" y viene a mí con un trotecillo leve alegre que parece que se ríe, no sé que cascabeleo ideal...
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra...Cuando paseo sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándole: tiene acero...
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.
Aunque es un texto escrito en prosa, en él aparecen algunos de los recursos literarios que hemos visto en el tema.
Tenéis que buscar y escribir en un comentario información sobre su vida, alguno de sus poemas o una ilustración o fotografía relacionada con la vida del poeta.
Y os recuerdo que el lunes tenemos el examen de los temas 6 y 7.
Soy Elisa.
ResponderEliminar¿Va a entrar en el examen la vida de Juan Ramón Jiménez?
Soy María Elena
ResponderEliminarLA ROSA AZUL
¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Se me torna celeste la mano, me contagio de otra poesía
Y las rosas de olor, que pongo como ella las ponía, exaltan su color;
y los bellos cojínes, que pongo como ella los ponía, florecen sus jardines;
Y si pongo mi mano -como ella la ponía- en el negro piano,
surge como en un piano muy lejano, mas honda la diaria melodía.
¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
me inclino a los cristales del balcón, con un gesto de ella
y parece que el pobre corazón no está solo.
Miro al jardín de la tarde, como ella,
y el suspiro y la estrella se funden en romántica armonía.
¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Dolorido y con flores, voy, como un héroe de poesía mía.
Por los desiertos corredores que despertaba ella con su blanco paso,
y mis pies son de raso -¡oh! Ausencia hueca y fría!-
y mis pisadas dejan resplandores.
OTOÑO
ResponderEliminarEsparce octubre, al blando movimiento
del sur, las hojas áureas y las rojas,
y, en la caída clara de sus hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.
Qué noble paz en este alejamiento
de todo; oh prado bello que deshojas
tus flores; oh agua fría ya, que mojas
con tu cristal estremecido el viento!
¡Encantamiento de oro! Cárcel pura,
en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,
echado en el verdor de una colina!
En una decadencia de hermosura,
la vida se desnuda, y resplandece
la excelsitud de su verdad divina.
Laura
soy Eva
ResponderEliminarTRASCIELO DEL CIELO AZUL
¡Qué miedo el azul del cielo!
¡Negro!
¡Negro de día, en agosto!
¡Qué miedo!
¡Qué espanto en la siesta azul!
¡Negro!
¡Negro en las rosas y el río!
¡Qué miedo!
¡Negro, de día, en mí tierra
-¡negro!-
sobre las paredes blancas!
¡ Qué miedo!
Soy Elisa:
ResponderEliminarESTOY TRISTE, Y MIS OJOS NO LLORAN
Estoy triste, y mis ojos no lloran
y no quiero los besos de nadie;
mi mirada serena se pierde
en el fondo callado del parque.
¿Para qué he de soñar en amores
si está oscura y lluviosa la tarde
y no vienen suspiros ni aromas
en las rondas tranquilas del aire?
Han sonado las horas dormidas;
está solo el inmenso paisaje;
ya se han ido los lentos rebaños;
flota el humo en los pobres hogares.
Al cerrar mi ventana a la sombra,
una estrena brilló en los cristales;
estoy triste, mis ojos no lloran,
¡ya no quiero los besos de nadie!
Soñaré con mi infancia: es la hora
de los niños dormidos; mi madre
me mecía en su tibio regazo,
al amor de sus ojos radiantes;
y al vibrar la amorosa campana
de la ermita perdida en el valle,
se entreabrían mis ojos rendidos
al misterio sin luz de la tarde...
Es la esquila; ha sonado. La esquila
ha sonado en la paz de los aires;
sus cadencias dan llanto a estos ojos
que no quieren los besos de nadie.
¡Que mis lágrimas corran! Ya hay flores,
ya hay fragancias y cantos; si alguien
ha soñado en mis besos, que venga
de su plácido ensueño a besarme.
Y mis lágrimas corren... No vienen...
¿Quién irá por el triste paisaje?
Sólo suena en el largo silencio
la campana que tocan los ángeles.
http://www.ladrondeagua.com/juanramon/juanramon4_g.jpg
Cristina eseñanos el examen que alguanas no hemos hecho nadaa :(soy Eva
ResponderEliminar¡Da las gracias a tus compañeras Elisa y María Elena!
EliminarSi encontráis los recursos del texto os los enseño.
¡Hola! Soy María Elena borra el comentario de el último viaje o algo así es mío es que me había confundido
ResponderEliminarVale
EliminarMetáfora y comparación. En alguna de las líneas...
ResponderEliminarMuy graciosas... pero ¿en qué lineas?
EliminarMetáfora y comparación
ResponderEliminarSolo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
ResponderEliminarEs tierno y mimoso igual que un niño.
Pero fuerte y seco por dentro, como de piedra.
¡Ah! Los deberes para mañana son:
ResponderEliminar- leer la lectura de la página 106 y 107.
- hacer los ejercicios 9, 12, 13 y 14.